Archivo por días: 24 junio, 2016

CLUB DE LECTURA

El buen lector es el que hace el libro bueno (Ralph W. Emerson)

leyendo-un-libro-1Verano 2016. Libros recomendados

El mar, John Banville. Ed. Anagrama. 219 pág.

Tras la reciente muerte de su esposa después de una larga enfermedad, el historiador de arte Max Morden se retira a escribir al pueblo costero en el que de niño veraneó junto a sus padres. Pretende huir así del profundo dolor por la pérdida de su mujer, cuyo recuerdo le atormenta incesantemente.

Ropero de la infanciaPatrick Modiano. Ed. Anagrama. 133 pág

Un puerto franco, una ciudad que probablemente esté en el Mediterráneo y que acaso pudiera ser Tánger. Pasan los tranvías y aprieta el calor, que ahuyenta a la gente de las calles. Jimmy Sarano vive allí un exilio voluntario. Escribe folletines para Radio Mundial, un nombre pomposo para una emisora modesta. Y su vida transcurre monótona: espía al vecino de enfrente, se cruza con otros exiliados… Hasta que un día, tras la cristalera de un café, descubre a una chica cuyo rostro le recuerda a alguien que conoció en París.

Crematorio, Rafael Chirbes. Ed. Anagrama. 424 pág.

La muerte de Matías Bertomeu, el ideólogo que cambió la revolución por la agricultura, pone en marcha los mecanismos que componen Crematorio. El dolor devuelve el reverso de vidas levantadas sobre oscuros cimientos: la del hermano de Matías, Rubén, el constructor sin escrúpulos; la de Silvia, la hija de Rubén, bienpensante restauradora de arte casada con Juan Mullor, el catedrático que prepara la biografía de Federico Brouard, viejo amigo de los Bertomeu, un escritor alcohólico que vive el fracaso de sus últimos días; la de Ramón Collado, el hombre que hizo los trabajos sucios del constructor; la de Traian, el mafioso ruso, viejo socio de Rubén; y la de Mónica, la jovencísima y ambiciosa esposa. Chirbes nos ofrece un panorama terrible: la corrupción como savia que recorre todo el cuerpo de una sociedad en la que la destrucción del paisaje adquiere valor de símbolo.

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CLUB DE LECTURA. COMENTARIO

       

Hiromi            HIROMI KAWAKAMI   

       El cielo es azul, la tierra blanca

Para finalizar el curso hemos elegido una novela de amor que nos ha acercado a la sociedad  japonesa. Un profesor de japonés jubilado coincide casualmente en una taberna con una antigua  alumna. Entablan una conversación y se dan cuenta de que tienen los mismos gustos gastronómicos.  Son dos personas solitarias, que apenas se relacionan con nadie y poco a poco se dan cuenta de que les gusta estar juntos para disfrutar de la buena comida y beber sake y cerveza. Además se hacen inseparables en paseos y excursiones. Él es mayor, le lleva treinta años a ella. Además de la edad, la diferencia cultural también es un obstáculo que se interpone entre los dos. El profesor es un hombre culto, que ha leído a los clásicos, mientras  que  Tsukiko, no destacó en los estudios. En ocasiones parece que dejan su destino al azar porque pueden estar tiempo sin verse, pero deseando hacerlo y casi siempre se encuentran por casualidad.  Finalmente el amor se presenta como un sentimiento real, igual que el goce sexual.  Veamos cómo es la relación profesor-alumna. Ella siente por Harutsuna Matsumoto admiración y respeto. Siempre lo trata de usted y lo llama “maestro”. Sin embargo, él la tutea, la corrige, siempre le recuerda cómo debe comportarse una señorita, en definitiva, ejerce de maestro y la enseña, pero al mismo tiempo, le gusta escucharla y le divierten sus comentarios y reacciones. Lo que nos sorprende es que mantienen las formas y respetan las buenas costumbres, pero disfrutan emborrachándose. El maestro representa la tradición japonesa: formalidad, delicadeza, educación y paciencia. Tsukiko es joven e independiente, pero no se identifica con los chicos de su generación y rechaza sus gustos. En distintas ocasiones frecuenta un bar con un amigo, en el que no se consume comida japonesa y se sentía incómoda y fuera de lugar. Por lo tanto, encaja mejor con el maestro. Hemos elegido un fragmento en el que se expresa la admiración de Tsukiko: “La bondad del maestro procedía de su estricto sentido de la justicia. No era amable conmigo para hacerme feliz, sino porque analizaba mis opiniones sin tener ideas preconcebidas. Se podría decir que su bondad era más bien una actitud pedagógica. Por eso cuando me daba la razón me sentía mucho más feliz que si se hubiera limitado a decirme que sí para tenerme contenta. Aquello fue todo un descubrimiento. No me siento cómoda cuando me dan la razón sin tenerla. Prefiero mil veces que me traten con justicia”. (Pág. 203)Otro aspecto muy interesante es la manera en que le transmite el gusto por la poesía y ella reconoce que gracias a él tiene inquietud por aprender: “Sola en mi habitación, leo en voz alta poemas que recitaba el maestro y también otros que no llegó a enseñarme”. (Pág. 211).

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