CLUB DE LECTURA. COMENTARIO

Guad, Alfonso García- Ramos

La narrativa del autor se inscribe en el documentalismo y retrata el drama de unas existencias en un lugar y un tiempo concreto: el hombre instalado en la isla, la posguerra y la emigración.
Sobre el título Guad, supuesto término guanche que significa “agua”. El agua es la verdadera protagonista que junta a los personajes con un objetivo: el alumbramiento del agua en una
galería.
Al tratarse de una novela coral nos encontramos con múltiples personajes que tienen un peso
similar en el argumento. Las voces narrativas y puntos de vista se van alternando en los
capítulos y cada uno evoca su historia personal. La trama se enriquece con sus reflexiones y
recuerdos y refleja la diversidad de la condición humana. Todos han tenido una vida anterior.
Llegan al Valle de Tenesora, espacio ficticio en la isla de Tenerife, donde se desarrolla la novela
durante la posguerra. Vienen al Valle desde otros lugares de la isla, desde otras islas o desde la
Península, como Juan. Se afanan en su trabajo movidos por recuperar el arraigo perdido que
la guerra civil, la miseria y la soledad han truncado. Juan, Florentín, Martín, Marcos, Fulgencio,
Antonia, el aparejador Agustín, el cura don Jesús, don Roberto y don Tadeo. Vamos conociendo sus vidas a lo largo de los veintiocho capítulos que tiene la novela. En el primer capítulo interviene Juan que llega desde su Asturias natal, minero de profesión que viene a Canarias buscando la paz y el olvido después de la derrota de la guerra. Estuvo cinco años en la cárcel por ser militante de CNT. Su compañera Magdalena murió en la columna de Durrutia.
Viene a trabajar en la galería como cabuquero junto a Florentín al que conoció en la cárcel .
Don Jesús, el cura. Su vida se debate entre la fe y el pecado. Mantiene un difícil equilibrio entre
los dos bandos de la guerra. En el tiempo del relato ya es mayor y está pagando su culpa. Tuvo
amoríos con su criada. Puso en marcha su idea de la galería. Colocó las acciones a los pequeños propietarios porque a esta empresa no se sumaron los poderosos. Hubo competencia y rivalidad para apropiarse del agua. Dos galerías, la de los poderosos y la de los amigos del cura. Ante la incapacidad de una empresa colectiva y un pleito costoso, se paralizan las obras y llega la guerra. “Fueron tres años largos esperando la paz, llorando los muertos y los heridos de los dos bandos. Sintiendo en carne viva él, sacerdote de Cristo, cura relajado, la honda y sangrante herida que partía España en dos pedazos”. (Pág.58). Cuando llegó la paz se reanudaron los trabajos en la galería del cura. Todo es posible por la intervención de don Tadeo, que fue presidente de la otra galería y al que el cura le hace un informe favorable para que no se sospeche de sus ideas. Agustín, el aparejador de la galería. Repasa su educación infantil en colegio religioso, sus miedos al pecado. Ejerce una profesión que no le entusiasma. Pertenece a la generación de “los chicos del traje virado” que creció con la cartilla de racionamiento y prohibiciones: callar, asentir y estudiar. Manuel también trabajó en la galería, pero como no rendía y sabía de números pasó a ser cobrador de los accionistas. Se entendió muy bien con el dueño de todas las galerías, don Roberto. Con este personaje entramos en el mundo de la especulación. Lo importante es tener poder y dinero. Empiezan a llegar las remesas por vía ilegal de la emigración de Venezuela y se hace ostentación de riqueza. Con la ayuda de don Roberto, Manuel pasó de ser cobrador a alcalde del pueblo. Ha jugado sucio y triunfa. Otro personaje es Martín, carretero en la galería. Quiere ahorrar dinero para construir su barco. Es pescador en La Punta. Florentín evoca su relación infantil con la hija del amo. La oposición familiar provoca la ruptura, observamos la diferencia de clase social y de cultura. En la República se afilia al partido socialista, por eso lo encarcelaron y allí conoce a Juan. Florentín
se presenta como un hombre vitalista, amante de la vida. Marcos es el otro carretero. Es
deficiente intelectual, pero trabaja muy bien en la galería y allí se encuentra útil y mejor
valorado que en su entorno familiar. Antonia es una viuda joven que perdió a su marido en la
guerra. Tiene la ilusión de que su relación con Juan se consolide y puedan llegar a casarse.
Fulgencio es el encargado de la máquina. Un hombre totalmente desencantado de la vida.
Viene de La Gomera. Sufre porque su mujer se suicidó como consecuencia de la muerte de sus
dos hijos en la guerra, víctimas cada uno de un bando. Con las evocaciones de este personaje
conocemos también escenas de brujería y supersticiones. El trabajo en la galería es cada vez
más duro. Hay que soportar calor, hasta 40º, el taladro que pesa, la humedad que deshidrata y
la sed . Aparecen los gases que afectan a Florentín. Se tienen que mejorar las condiciones
laborales de los trabajadores. Como no se aceptan, los cabuqueros se plantan y la obra se
paraliza porque no se encuentran sustitutos. Con la galería parada se devalúan las acciones. El
cura y el aparejador se convierten en activistas a favor de las reivindicaciones de los trabajadores. La novela avanza en el conflicto entre humildes y poderosos, explotadores y
explotados. Con la recogida de firmas de los pequeños accionistas neutralizan la oposición de
don Roberto a las peticiones de los trabajadores. Se arregla el conflicto de la galería y se
reanuda el trabajo. Una vez más surgen los problemas. Don Roberto con la ayuda de Manuel
aspira a una compraventa fraudulenta de las acciones de la galería. Hace creer que ya alumbró
agua para que los pequeños ahorradores compren a precio alto. Luego volverán a recuperarlas
cuando se vea que el rumor es falso. La novela sigue avanzando con acontecimientos diferentes. Juan y Antonia se casan. Hay una desgracia en la galería porque mueren Florentín y
Marcos. El trabajo en la galería se paraliza de nuevo. Antonia está esperando un hijo y teme
que Juan vuelva a la galería. Don Jesús, el cura se jubila y se despide del pueblo. Finalmente
Antonia da su conformidad para que Juan vuelva a la galería. Juan, Martín y Fulgencio ven por
fin el alumbramiento del agua en la galería. “El agua fría, pura, inmóvil durante siglos que hoy
despertaba de su sueño y se sentía con fuerzas para regar el mundo. El agua que recogía la
sangre de los mineros muertos y se la llevaba pendiente abajo a fecundar los campos, que
quitaba miedos y apariciones, que reía y cantaba por primera vez ante los dos hombres que
supieron llegar hasta ella”.
La estructura de la novela es circular porque empieza el primer capítulo con la llegada de Juan
a la isla con la esperanza del comienzo de una nueva vida y también se cierra con un capítulo
de Juan: el alumbramiento del agua y con ella, el principio de una nueva vida junto a Antonia y
el pronto nacimiento de su hijo.
Nos ha parecido importante la utilización del léxico del español hablado en Canaria porque
contextualiza la novela en un espacio determinado: cabuquero, magua, carga blanca,
cambullonero .
En la novela se utilizan las tres personas para cambiar la perspectiva desde la que un personaje cuenta su propia historia. La primera persona caracteriza a un personaje porque lo hace más auténtico. La emplea Marcos, que es diferente de los otros y que se expresa tal y como es. Ya comentamos su incapacidad intelectual. La segunda persona la utiliza Agustín, trasunto del autor. Se interroga a sí mismo sobre su infancia y adolescencia. La tercera persona permite intercalar el diálogo.

             Emilia Méndez Pérez