La autora, Premio Nobel de Literatura 2022 convierte su vida en materia literaria. Cuenta aspectos de su biografía y los recuerdos familiares que guarda. Este libro surge tras la muerte
de su padre, quería que él fuera el protagonista de su novela. Resaltar sus gustos, los hechos importantes de su vida y escribir de forma objetiva los momentos que compartieron.
El libro comienza con esta cita de Jean Genet “Se me ocurre una explicación: escribir es el
último recurso cuando se ha traicionado”. La elección de esta cita se puede interpretar como
un acto de justicia porque la autora reconoce que ha fallado a su familia y a sus orígenes.
Tiene la necesidad de contar de dónde viene, quién era su padre y la vida que ha llevado. Por
qué surgió la distancia de clase entre ellos durante su adolescencia; en definitiva, un homenaje a su padre y a sus sus orígenes. Con una escritura clara, llana y directa, sin utilizar recursos estilísticos nos cuenta el regreso a la casa familiar cuando su padre se está muriendo.
En ese momento ella está casada, tiene un hijo y es profesora titular en un instituto. Retrata
de forma desapasionada a su padre y su transformación social. Primero campesino, después
obrero y por último propietario de un colmado y bar de pueblo. Nace unos meses antes del
siglo XX en Normandía. Su abuelo arrendatario de un gran granjero de la región era analfabeto.
Su padre sí fue a la escuela hasta los doce años y a esa edad ya empezó a trabajar en el campo.
Además era monaguillo. Sus abuelos no hablaban sino patois. Para su padre eso era un signo
de inferioridad y estaba orgulloso de no hablarlo, aunque su francés no fuera perfecto.
Después del servicio militar abandona la granja y se convierte en obrero. Se casa y compagina
el trabajo en una refinería con la atención al negocio familiar. Su mejor situación económica le
permite que su hija pueda estudiar. Sus padres le dieron derecho a una educación que ellos no
tuvieron. Sorprende que no idealice al padre. Más bien subraya la distancia entre el mundo de
su familia y el de la hija universitaria que se ha casado con un burgués. Su progreso personal y
cultural la alejan del mundo popular al que pertenece. Manifiesta la vergüenza que siente ante
los valores, hábitos y lenguaje de sus padres cuando accede a un peldaño más educado. Por
ejemplo en la utilización del lenguaje coloquial que usa el padre, al que corregía, en contraste
con el léxico culto que ella emplea. Todo lo referido al lenguaje es motivo de discusiones dolorosas o resentimiento, mucho más que lo relacionado con el dinero. Le disgusta también
que él se mostrara envarado y tímido ante personas que consideraba superiores para no hacer
el ridículo. Otra forma de mostrar la inferioridad la observamos cuando ella invitaba a sus
compañeras de facultad en las vacaciones y cómo las agasajaban. Lo que más apreciaban sus
padres es que se relacionara con gente bien educada: “Tenían la absoluta convicción de que el
saber y las buenas maneras eran la marca de una excelencia interior innata”. La autora nos va
relatando cómo era su su padre y cómo disfrutaba con las pequeñas cosas del día a día:
cultivar su huerto, hacer chapuzas, conversar con los clientes del bar, el paseo en el coche los
domingos. Era alegre y le gustaba contar chistes picantes, oír programas humorísticos por la
radio, jamás visitó un museo. Se sorprende de haber compartido unas vivencias y formas de
pensar de la gente sencilla, como por ejemplo el ser educados, no expresar sus opiniones, no
ponerse en evidencia. Asimismo comenta las diferencias entre su marido burgués y universitario, que solo disfruta con una conversación intelectual, frente la amabilidad de sus
padres, muy buena gente, pero que no tienen nada en común. Por eso cuando los visitaba lo
hacía sola. En esta novela valoramos el homenaje a su padre y a sus orígenes, el esfuerzo de
un trabajador para que su hija tenga educación y pueda vivir mejor.
Emilia Méndez

